Bizitza Balaman- Neida Vila Lagos

Un 21 de Abril lleguè a Moçambique, eran las 17:00 de la tarde, ya de noche y se respiraba un calor agobiante mezclado con humedad. Tan solo 22 horas antes salía de Epaña en un clima también húmedo pero de lluvia. Recuerdo mi salida del aeropuerto, una blanquita desubicada y con mirada perdida, con una mochila a cuestas, una maleta y una sensación muy extraña dentro. Se mezclaban muchas emociones, sensaciones y pensamientos. Recuerdos de todo lo que dejaba atrás y una especie de miedo por la nueva etapa que  empezar a vivir.

Mi nuevo destino era Balama, apenas había encontrado información sobre este lugar y todo lo que tenia en mi cabeza fue proyectado por lo que me contaban los compañeros de Mundukide. Desde el principio no quise hacerme ninguna idea preconcebida, así no podría haber decepciones y tenia muy presente que iba a trabajar y a desempeñar un puesto en una situación muy concreta y en unas condiciones extremas. Aunque parezca muy típico decirlo y como buena piscis que soy, siempre tuve cierta vocación para el trabajo con las personas y el de cooperante era un sueño, lo había intentado muchas veces y el  miedo que màs me atemorizaba estando ya aquí, era sentir que ese momento ya hubiese pasado.

Los primeros días en Balama fueron muy intensos, mucha información y puesta a punto para tomar el mando del proyecto de Mundukide en Balama. Tuve momentos muy bajos esos primeros días ya que de repente me encontraba en otro país, con otra cultura, otra gente, otro trabajo…no me situaba, me sentí perdida, fuera de lugar, paralizada y no había tiempo para reflexionar ni que perder. Solo tiempo para absorber información que en muchos momentos ya no entraba en mi cabeza, recuerdo aquellos primeros días donde solo quería estar a solas para asentar todo aquel proceso y aceptar que una nueva etapa comenzaba en mi vida. Todo cambio tiene un periodo de adaptación y en nuestro caso hay que ser conscientes que ese período de tiempo es bastante largo y a día de hoy aquello que en los primeros días era imprescindible, la soledad, hoy es todo lo contrario.

Balama es un distrito bastante grande y con mucha población diseminada. El pueblo en sí no tiene mucho, a grandes rasgos es una carretera de tierra batida que cruza todo  Balama y de un lado y al otro pequeñas barracas donde se venden un sinfín de cosas que cuando pasas un tiempo aquí  te das cuenta que no son tantas, realmente son bien pocas. Mas en el centro del pueblo se puede observar un ambiente mercader, mucha gente en la calle dedicándose a  la compra y venta. A un lado de la carretera tenemos el mercado de calamidades que es el mercado de ropa de segunda o tercera mano que llega en fardos e imagino que desde muchas partes del mundo. Al otro lado de la carretera se encuentra un pequeño mercado de hortalizas,  barracas con capulanas y otras barracas digamos que clasificadas como ultramarinos.

Explicar como es la vida aquí o como es el día a día a alguien que no vive aquí,  no es tarea fácil. Muchas veces caemos en la trampa de ver con cierto aire bohemio esto de ser cooperante y con una idea un tanto paternalista y de nostalgia donde parece que ser cooperante y vivir en un lugar exótico como Mozambique te da un boleto a la felicidad permanente. También escuche muchísimas veces esa horrible frase que se repite mucho como “pobres les vas a enseñar mucho ya que ellos no tienen ni saben nada” como si fuésemos los dioses del saber y sus salvadores. Y digo que no es nada fácil explicar como es el día a día aquí o como me siento muchas veces precisamente por esta cuestión. Nada tiene que ver vivir el día a día aquí en Balama con el día a día de España, dejando a un lado las cosas materiales, para mí lo más difícil fue llegar a la etapa de duelo y aceptarla. Un duelo creo que necesario, donde te falta además de lo material, lo más esencial como ser humano y es la posibilidad de tener a tu alcance a tu familia, amigos, a tu entorno, a las cosas a las que estas acostumbrada, conversaciones, cosas que en España quizás no se valoran tanto aquí adquieren una brutal importancia. Digo que no se valoran tanto precisamente porque lo tenemos a nuestro alcance y aunque muchas veces no lo hagamos, inconscientemente sabemos que tenemos la posibilidad de hacerlo. Aquí no, y eso en determinadas ocasiones me genera una sensación de querer escapar pero es precisamente este, el proceso de adaptación. Aquì es imprescindible estar bien anímicamente porque me necesito a mi misma.

Balama se encuentra en el corredor norte de Lichinga a Pemba, la zona norte del país es una de las zonas más olvidadas y empobrecidas de Mozambique.  En Balama no hay industria ni un sistema económico medianamente desarrollado, tampoco hay una administración que reporte ningún tipo de subsidio, ni medios ni posibilidades para ganar dinero y leyéndome parece que estoy hablando de España pero aquí ganarse la vida para llevar un poco de arroz al estomago una vez al día, a veces no es que sea difícil, sino imposible. Gran parte de la población no consigue llegar al euro al día y su base de alimentación es el arroz y la chima (harina) si tiene algo de dinero pueden mezclarlo con “carril” es decir, un poco de tomate, cebolla, hojas de judias, etc  pero eso en ocasiones muy contadas. Y si la cosa es excepcional ya pueden comer algo de “masa” (pasta) o carne seca de animal de mato o pescado seco. A veces ya no solo es la falta de dinero sino el acceso a la alimentación lo más preocupante.

Las  comunicaciones e infraestructuras son otro punto que cabe destacar y en todo el distrito de Balama no hay ni un solo pedacito de carretera asfaltada. Cuando llegan las lluvias en las carreteras se abren tremendos socabones, si de normal la comunicación es difícil en época de lluvias casi se hace imposible. El medio de transporte por excelencia y no por casualidad en Mozambique y sobre todo en las áreas más empobrecidas, es la bicicleta. Desde hace mucho años la bicicleta es el medio que usan las personas para desplazarse y fue y es la bicicleta una herramienta imprescindible en el desarrollo de Mozambique y también en el desarrollo económico de las unidades familiares ya que con ella se desplazan para la venta y compra de mercadorías.

Con este escenario de falta de dinero, de trabajo, de hambre, de falta de infraestructuras, de falta de alimento y de pobreza extrema no es de extrañar que  el motor económico para estas poblaciones sea el desarrollo de la agricultura. Mundukide no está en Balama por casualidad sino precisamente porque es en lugares como Balama  donde las ONG y los programas de cooperación son más necesarios. Por ello, la situación personal del cooperante de Mundukide  también se hace más difícil y poco tiene que ver con la vivencia de otros tipos de cooperación. El cooperante de Mundukide a mi manera de ver, es un valiente.

Del trabajo de Mundukide, destaco sobretodo ya no el impacto que tiene sobre la sociedad ya que con nuestro trabajo las personas están mejorando su vida y su economía si no para mi lo más importante es la creación de “oportunidad”

Oportunidad de que las personas mejoren su situación pero “solo si ellos quieren

El proyecto se basa en el desarrollo económico de la zona y el motor de este desarrollo es la agricultura por varias razones ya explicadas anteriormente y también porque Balama es una zona donde no existen grandes problemas por falta de agua y tierra y por supuesto es la mejor estrategia de desarrollo contra el hambre y la pobreza. Con la implantación y desarrollo de la agricultura surgen varios resultados por un lado obtienen alimento de su propia parcela y por otro, al producir en grandes cantidades y superficies consiguen vender su producción para los mercados locales  con lo cual consiguen dinero de la venta de su producción y esto repercute directamente en una alimentación más variada ya que con dinero tienen acceso a otros alimentos. Para verificar ese desarrollo y el impacto del proyecto de Mundukide en la sociedad de Balama se realizan encuestas a los participantes (camponeses) A través de estas encuestas se observa que las personas que inician en el proyecto año tras año mejoran sus condiciones de vida, esto es un efecto rebote ya que año tras año también aumenta el número de participantes. Dentro de las mejoras cabe destacar algunas respuestas e indicadores donde se ve la evolución de la unidad familiar y el impacto del proyecto. Esos indicadores son por ejemplo la mejora de las casas, es decir, cambiar el tejado de la casa que es de capi (hierba) a chapa metálica, poder comprar una cama, platos, sabanas, poder acudir al médico, mandar sus hijos al colegio o a la universidad, en definitiva se comprueba como mejora su posición social con un pequeño ingreso que venga de la venta de su producción y como ese pequeño ingreso genera en ellos un status social que cobra importancia ,por ejemplo, cuando un familiar muere. La muerte para ellos al igual que para nosotros tiene su ritual y necesitan enterrar a su ser querido pero para ello necesitan dinero. Si no lo tienen acuden a alguien de la familia que pueda pagar la ceremonia y ese alguien ya no solo tiene el deber de ayudar si no tambien la obligación. Esta fue una de las cosas que más me impactó, cuando les preguntas en que mejoraron desde que están trabajando con el proyecto de Mundukide una de las respuestas es poder pagar las ceremonias y liturgias de algún familiar que se muere. Lo más triste y bonito al mismo tiempo es ver el brillo de sus ojos, como cogen aire en el pecho como diciendo… “sì fui yo, con mi dinero pague la ceremonia” y el orgullo con el que lo cuentan. Estas cosas son las que tocan el corazoncito y son las cosas por las que verdaderamente merece la pena todo el trabajo que llevamos a cabo.

Dentro del proyecto Balama hay varios fomentos como cultivo de Huertas, cultivo de sésamo (gergelim), cría y pastoreo de cabritos, cultivo y manejo de anacardo y vivero de citrinos. De todos ellos, sin duda los que más aceptación están teniendo en la población es el cultivo de huertas y sésamo. La forma de trabajar desde Mundukide es la misma para todos los fomentos y es principalmente la “Transferencia de conocimientos” desde asociaciones ya formadas que se dedican específicamente a uno de los fomentos. Por ejemplo en huerta Mundukide firma acuerdos con asociaciones de productores de huertas de otras zonas, de esas asociaciones se hace una selección mediante un test y las personas seleccionadas se vienen a Balama para realizar el acompañamiento desde el inicio de la plantación hasta el final. Este acompañamiento se basa en la transferencia de conocimientos de agricultor a agricultor. Estas personas son las llamadas “Instructores” Desde Mundukide se gestiona todo este acompañamiento al igual que el acopio de insumos para la puesta en marcha del fomento. Esto último es una pieza clave para el funcionamiento del fomento y explicaremos el porqué.

 Para llevar a cabo el fomento de huertas, por ejemplo, se necesitan desde semillas y motobombas para los agricultores hasta capas de lluvia, redes mosquiteras, bicicletas, etc, para los instructores. La ciudad más cercana donde poder comprar todo esto se llama Nampula y esta a cinco horas y media en coche desde Balama, con lo cual, sin esta gestión de acopio de insumos que realiza Mundukide el fomento no sería posible al igual que tampoco sería posible el desarrollo económico de muchas familias ya que para ellos el acceso a estos insumos no es factible, básicamente por la distancia y transporte.

Además de todo el trabajo que Mundukide realiza destaco el perfil de agricultor para y por el cual nosotros estamos aquí. Siempre admiré el trabajo del agricultor por su dedicación y esfuerzo pero desde que estoy en Mozambique esa admiración se mezcla con asombro por la capacidad de lucha que demuestran. Anteriormente mi trabajo siempre se desarrollo en torno a la agricultura y el trabajo en campo con agricultores en España,  concretamente en Galicia. La agricultura es un sector que requiere de muchas horas de trabajo y esfuerzo y muchas veces los beneficios que reporta ya bien sea por los precios de mercado o por el tremendo riesgo que se corre por las condiciones climatológicas, no compensan el trabajo. Vivir de la agricultura no es tarea fácil y se semeja más a una forma de vivir que un propio medio de vida. Estas características son trasversales todo sistema agrario en cualquier parte del mundo pero en algunos lugares toda esta situación puede complicarse todavía más. En Balama ese esfuerzo y trabajo se eleva a la máxima potencia principalmente por la falta de mecanización. Las áreas donde los agricultores cultivan se llama “mato”. El mato es la sabana seca donde crece una especie de hierba que se llama “capi” que es la hierba seca con la que ellos hacen los tejados de las casas. Esta hierba alcanza una altura considerable, es bastante gruesa y su control y erradicación es difícil ya que su reproducción es por medio de unos pequeños bulbos que infestan el suelo y se reproducen rápidamente. Este crecimiento es más intenso y rápido en época de lluvias. Es muy importante describir esta situación porque para establecer la extensión donde van a cultivar primero tienen que capinar (cortar el capi)  después hacen la quema del terreno y en caso de que haya arboles estos los cortan a mano con un  machete, con el esfuerzo que ello conlleva. La superficie media trabajada ronda la Ha y en muchos casos incluso se supera dicha superficie. La tierra es trabajada a mano con una pequeña azada. No existe la cultura de cría de animales de fuerza, no existe el arado, no existe el tractor, no existe el motocultor, no existe la cultura de cría de animales con lo cual tampoco existe el estiércol de animal para fertilizar las tierras, no existe maquinaria, ni mecanización, todo se realiza con esfuerzo, mano de obra y mucho sudor.

Por todo esto cada día que pasa me sorprende muchísimas cosas de su carácter y de su forma de afrontar la vida y lo poco que se quejan. Esto hace que mis problemas por mucho que sean míos cada día que pasa se hacen más pequeños.

En todo este proceso de mi adaptación y aprendizaje una pieza clave fue y es, el vivir día a día con ellos. Conocer cómo piensan, conocer su vida, lo que dejaron atrás, sus sueños, sus sonrisas, su mirada, su ilusión… Lo que en un principio consideré contraproducente para mí, como por ejemplo vivir las 24 horas del día en un entorno laboral, al final esto mismo hace que los conozca más y esto se convierte en mi tabla de apoyo. Además de Mundukide como organización y de los camponeses e instructores, están los trabajadores del equipo de Mundukide-Balama.  De ellos quiero hablar porque ellos son mi nueva familia, mis nuevas conversaciones, los que me protegen y aunque muchas veces intentan engañarme o hagan cosas que me saquen los nervios sé que lo dan todo por nosotros como organización. Valorar y aplaudir el trabajo que llevan a cabo porque sin ellos este proyecto y el impacto que está teniendo en la sociedad de Balama, no sería posible. Agradezco su preocupación por mi bienestar, por ayudarme siempre que se lo pido sin poner nunca trabas y decir que estoy orgullosa  por el equipo de trabajo que tengo y que me rio mucho con ellos. Hacen que todo sea más llevadero.

Gracias a Adelino (supervisor del proyecto de Balama, un tipo que enamora con la palabra) y su familia.

Gracias a Sr Costa (técnico del vivero) su mayor característica la lealtad.

Gracias a Abel (encargado de almacén) un chico de pocas palabras pero muy responsable ante el trabajo.

Gracias a Carlitos (secretario) representa la confianza por lo que conlleva su trabajo.

Gracias Martins (guarda) un chico un tanto rebelde que me hace estar muy pendiente de él pero muy buen trabajador.

Gracias Sr Josè (guarda) representa la tranquilidad y el trabajo correcto.

Todos ellos tienen grandes historias personales detrás y cabe resaltar como el trabajo que llevamos a cabo repercute también en ellos. En Balama es casi imposible conseguir un trabajo con contrato, seguridad social, una nómina y cuando llega final de mes cobrar un salario digno. El proyecto de Mundukide influye y repercute  en la economía del camponés, la producción del camponès mueve la economía de los pequeños comerciantes de Balama, influye también en la economía familiar de nuestro equipo de trabajo e instructores. En definitiva es una maquina donde se engranan todas las piezas que hacen que el desarrollo económico se haga viable.

MUNDUKIDEren sare sozialetan esandakoak

  • O churrasco
  • Cooperativistas de MONDRAGON en cooperación con Mundukide
  • Cooperativistas de MONDRAGON en cooperación con Mundukide
  • Voluntarios de LKS auditores colaboran en el proyecto de Marrupa