Día Internacional de la Eliminación de la Violencia a la Mujer.

Texto: Jorge, cooperante de Mundukide en Etiopía.

Recuerdo el día que mis compañeras de asociación (colectivo feminista de Majadahonda) expusieron la situación de las mujeres y  hablaron sobre la violencia de género en España al grupo de migrantes africanos que viven en nuestro piso de acogida. Al cabo de pocos minutos, todos, son ocho chicos, dijeron: las mujeres en Europa no estáis tan mal. Nos dejó un regusto amargo ese comentario, sobre todo porque mis colegas estaban hablando del maltrato físico y psicológico que se sufre en España, y muy centradas en las muertes de mujeres que suceden cada poco tiempo en tantas zonas de nuestra geografía.

No estáis tan mal… aquí en Etiopia puedo decir con toda sinceridad que la lucha feminista en África tiene agendas diferentes; estas dependen del contexto y de la realidad de las mujeres en cada lugar, y que los derechos y libertades conquistados en algunos países occidentales como el nuestro, no es tan relevante para las mujeres etíopes, cuya realidad es tan diferente. No me considero ni creo ser la persona más adecuada para hablar de feminismo y mucho menos de las luchas y avances de las mujeres etíopes, pero preguntando a nuestra entidad socia local en Etiopia como a diferentes administraciones y oficinas gubernamentales sobre algún evento, manifestación o comunicado por este día, todos se sentían comprometidos con el tema, pero ninguno de ellos hará ninguna campaña en contra del maltrato que sufren tantas mujeres.

Hace unas semanas falleció una gran activista etíope llamada Dra. Bogaletch Gebre, una de mis personas admiradas, luchadora incansable contra la ablación femenina en Etiopia y que ha conseguido hacer visible esta práctica, consiguiendo que muchas comunidades y sobre todo los hombres, repudien la mutilación genital. Es notorio como las mujeres siguen sufriendo rechazo en tantos y tantos campos y no solo a nivel físico y emocional, también legal y de justicia.

Me quiero centrar en las agricultoras de África. Más del 60% de todas las mujeres empleadas en África Subsahariana trabajan en áreas relativas a la agricultura. Sin embargo, las campesinas africanas muy a menudo recogen una escasa cosecha, no por culpa del clima o de la mala calidad del suelo, sino simplemente por ser mujeres; una densa red de leyes, políticas, programas y costumbres las sitúan en una desventaja significativa con respecto al agricultor hombre. Cerrar la brecha de género en la agricultura requerirá muchas y variadas acciones:

En la mayoría de África, las mujeres rara vez poseen tierras, accediendo generalmente a la propiedad a través de un pariente masculino como un esposo, hermano o padre. Este arreglo las pone en una situación altamente vulnerable: una muerte, un divorcio o simplemente, un cambio de parecer del hombre puede dejar a una mujer campesina sin tierra de un día para otro. La inseguridad resultante afecta la forma en que las mujeres cultivan. Así, con el constante riesgo de desplazamiento, las inversiones a largo plazo para mejorar la productividad no tienen sentido para, sus ya de por sí, escasos recursos. ¿Por qué construir terrazas para reducir la erosión y mejorar la salud del suelo si alguien más puede reclamar la tierra y sus mejoras, tan pronto como termine el trabajo? ¿Por qué plantar un huerto si se pueden robar árboles y frutas una vez que maduren? ¿Cómo pedir un crédito agrario para una mejora de tu tierra cuando el banco no te lo va a conceder porque no tienes propiedades? Durante la última década, algunos países han hecho avances para promocionar y proteger los derechos de propiedad a las mujeres. Etiopia creó el registro conjunto de tierras donde el nombre y la fotografía del matrimonio, esposa y esposo deben de incluirse en el título de propiedad formalizando así los derechos de las mujeres a la tierra que cultivan. Esa reforma ha significado una mejora en la inversión de la tierra por mujeres y por supuesto, se incrementa en aquellas agricultoras que han aprendido y se han informado sobre sus derechos. Pero, luego viene otra desigualdad. El acceso a insumos y productos agrícolas para ellas es más difícil debido a sus rentas y a la dificultad antes descrita de solicitar créditos y microcréditos como mujer. Debido a esto, en la actualidad en Etiopía, se pueden encontrar tantas asociaciones femeninas. Estas asociaciones permiten ayudarse unas a otras, de mujer a mujer, con grupos de microfinanzas, acceso a semillas, fertilizantes y herramientas de trabajo, así como nuevas tecnologías y traspaso de conocimientos sobre ecología y prácticas agrícolas responsables. Estas reformas sobre tierras y derechos, aunque necesarias, solo serán reales cuando las mujeres tengan libertad y autoridad para manejar y decidir las cosechas que producirán, así como autonomía para controlar y gastar el dinero generado de la agricultura. Y para eso, aún queda mucho camino por recorrer por parte de gobiernos, autoridades, sociedad, tradiciones e individuos. Si las mujeres no pueden decidir, si encuentran la violencia que hoy denunciamos y rechazamos, física, moral y de poder en ámbitos tan básicos como toma de decisiones, control de la propiedad a la que legalmente tiene derecho o ser escuchada y protegida ante maltratos, injusticias o abusos, el trabajo que desarrollamos fundaciones, asociaciones y ONGs, todo se quedará en bellas palabras y acciones incompletas. Me gustaría que estas líneas las hubiese escrito una mujer, una compañera africana que comprenda más y mejor a sus iguales y que supiese expresar más adecuadamente las desigualdades que se ven día a día aquí. Espero que el siguiente texto este firmado por una mujer. Una mujer etíope.

 

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