
Laranjeiras Do Sul
La misma noche que llegué a Laranjeiras, mientras me secaba tras la ducha post-viaje, no había transcurrido ni media hora desde que había bajado del autobús, vi como desde uno de los desagües del suelo salía una cucaracha, observaba un poco a su alrededor, quizás me miro a mí como diciendo “¿quién es este tío?”, y volvió a su desagüe, tranquila, sin pensar que yo pudiera ser una amenaza para ella (como así fue, pues a los pocos minutos eché un producto por el desagüe y al día siguiente apareció muerta en la cocina). Aquí las cucarachas son más grandes, o eso me parece a mí, y más comunes que en Pamplona, quizás porque se trata de una zona de campo, aunque aquí las hay hasta voladoras, de las que antes de venir a Brasil no sabía ni que existían. Intento tener la casa limpia, pero de vez en cuando aparece uno de estos seres inofensivos, aunque asquerosos, de los que siempre temo que se reproduzcan de un modo que tenga que llamar a un fumigador, así que si veo una, siempre acabo exterminándola. El caso es que ese primer contacto que tuve con mi apartamento de Laranjeiras, esa extraña familiaridad entre el espantoso insecto y yo, me trajo de repente un recuerdo nostálgico de lo que había sido mi vida en esta ciudad durante mis primeros siete meses, y lo que en adelante iba a volver a ser.
También había olvidado la doble vida que llevan los perros. Desde que llegué en Mayo quiero escribir algo sobre estos personajes que deambulan por las calles de Laranjeiras, porque es como un tipo de civilización paralela, como un submundo, casi invisibles de día, porque su momento llega por la noche, como los vampiros. Es durante esas horas cuando se comunican entre ellos, cuando la ciudad duerme, o mejor dicho cuando los humanos dormimos, entonces los perros no paran de ladrar, es algo que no deja de sorprenderme cada noche, y yo estoy convencido de que se comunican entre ellos, lo estoy, igual que nosotros utilizamos el mail o el móvil, es en la oscuridad el único momento que ellos tienen cobertura. En Laranjeiras los perros esperan a que se haga de noche, a que la ciudad quede en silencio, para hablar, para mandarse whatsapps, mensajes, o invitaciones a juegos de facebook. Ladran y ladran. Todas las noches. A veces pienso que quizás intentan comunicarse con nosotros, o conmigo, que nos envían señales. En fin.

Agroveterinaria
Y a mí que este clima siempre me había recordado tanto al de Navarra, supongo que porque no había vivido todavía el verano, lo que está sucediendo esta última semana está contradiciéndome. El lunes después de almorzar con Leo en Cristo Rey (un lanchonete que tengo debajo de casa) en el cielo quizás había alguna nube, pero reinaba el sol, y hacía mucho calor. Subí a lavarme los dientes, no tardé ni cinco minutos, y antes de salir del piso Laranjeiras estaba encapotado por una nube gris, y comenzó a llover con una furia que pocas veces he visto en mi vida. Esta zona tiene unos dejes tropicales que a mí se me escapan, lleva toda la semana así, mucho calor y lluvia torrencial, mucho calor y lluvia torrencial… Quizás había vivido algo parecido antes de marcharme en Navidad, pero lo del lunes fue espectacular. Aunque las ventanas de mi apartamento estaban cerradas, la violencia de la lluvia era tal, que entraba el agua casi como si estuvieran abiertas de par en par. Hay rendijas que en determinadas situaciones no se pueden controlar. Y allí estuve, casi hora y media con la fregona de aquí para allá, colocando toallas en el suelo, y llevando cubos y cubos al retrete del baño.
Y es que Laranjeiras no deja de sorprenderme, aunque de eso me estoy dando cuenta ahora. Mejor dicho, me vuelvo a dar cuenta ahora.

Posto de leite
Y de la misma forma que había olvidado este tipo de sorpresas naturales-domesticas, fauna-climáticas que surgen cuando uno menos se lo espera en Laranjeiras y sus alrededores, había olvidado también el trajín de las actividades del Grupo Cooperativo de la Reforma Agraria, de las sorpresas que surgen casi cada día. Como con la Plataforma de compra-venta de leche, por ejemplo. Creo que no he hablado antes de esta cooperativa, de esta actividad, que prácticamente es nueva para nosotros. Las instalaciones son nuestras (cuando digo nuestras, quiero decir del Grupo) desde hace años, pero la gestión de la actividad la llevaba otra empresa, otra cooperativa también de MST, pero de otro estado. En realidad era una cogestión, pero nuestros ingresos básicamente venían del alquiler de la plataforma, y no corríamos un riesgo excesivo. Pero a partir de Septiembre del año pasado empezamos asumir nosotros la compra y venta de leche y el servicio de resfriamiento de la plataforma. Es parte de la estrategia del MST en la región. Estamos promoviendo la leche orgánica en los asentamientos, y a su vez construyendo un laticinio (una industria de productos lácteos que en el futuro serán de leche orgánica), y una manera de empezar a familiarizarnos con el mercado y con la futura industria, era asumir la gestión de nuestra plataforma. Y las sorpresas son prácticamente diarias, para bien y para mal, productores que nos dejan de vender leche, otros que no aceptan el precio que les ofrecemos, industrias a las que les vendemos la leche que nos torean con la calidad, el precio, el servicio; equipamientos que tenemos que renovar, nuevas rutas que asumimos, negociar otra vez con los transportistas, nuevos productores que conseguimos, por fin logramos bajar el precio medio de compra, la actividad parece que empieza a ser rentable, pero uno de nuestros trabajadores decide marcharse porque no está contento con el salario, necesitamos buscar a alguien, necesitamos hacer formaciones, y un día llega el auditor, un inspector del SIF que hace un control de las instalaciones, y hay alguna maquina que tenemos que arreglar, o mejorar la limpieza, o necesitamos algún equipamiento nuevo. Buf, es un estrés, no hay un solo día que sea tranquilo. Hacemos reuniones semanales en las que parece que se va a acabar el mundo, lluvia de ideas, tormenta de problemas, pasa el tiempo y cada vez tenemos un poquito más de experiencia, pero cada día tenemos un problema nuevo, otro imprevisto. Y quien dice con el puesto de leche, dice con la tienda de productos agropecuarios (la Agroveterinaria), en la que llevamos arrastrando un problema de caja desde Octubre, que casualidad, desde que asumimos la plataforma y todos nuestros ojos, nuestros sentidos, están dirigidos a la leche. Ahora es una de nuestras prioridades, otra más, la agroveterinaira; cambiamos el personal, mudar la forma de comprar con los proveedores, ahora nos hemos dado cuenta, compramos demasiado stock durante tres meses, también debemos mejorar la forma de cobrar a los clientes, no hay fondo de maniobra suficiente, hay que cambiar el sistema informático para ser más competitivos, tenemos que aumentar las ventas, quizás abramos una nueva tienda agroveterinaria en el Asentamiento Ireno Alves, donde ya abrimos un mercado en Noviembre…
Y los mercados, una de nuestras actividades más rentables, pues lo mismo. Ahora en Nova Laranjeiras, donde tenemos uno de los mercados, va a abrir a mediados de Marzo un Shopping, un gigante que nos va a machacar las ventas, y ya estamos otra vez, reuniones y más reuniones, estrategias defensivas, ofensivas… No ganamos para disgustos, tampoco para satisfacciones, nos tumban y nos levantamos, nos levantamos y nos tumban, pero continuamente seguimos luchando, porque los del MST son así, y ya se nos ha contagiado, a mí al menos un poquito. Además, para eso hemos venido, y no nos podemos rendir, y como decía al principio, parece mentira que en el tiempo que estuve en Pamplona ya me hubiera olvidado de todo este jaleo, de las cucarachas que aparecen de repente y hay que exterminar, de los perros que ladran todas las noches, de intentar interpretar sus señales (si es que hay algo que interpretar), y sobre todo, cada vez que hay una inundación debido a las rendijas que no se ven, pues lo de siempre, a coger el cubo, la fregona y a recoger el agua una y otra vez, para que quede el suelo lo más limpio posible, y así estar preparados para el siguiente contratiempo.