Goya

Cuando tuve la oportunidad de venir a Brasil ni me lo pensé, tenía muy claro que quería vivir esta experiencia, lo único que me frenaba un poco era mi abuela Goya, que ya era muy mayor y con la que siempre tuve un lazo especial; no iba a regresar a Pamplona en siete meses, quizás el tiempo suficiente para no volverla a ver. No me atreví a decírle que me marchaba, tuvo que ser mi padre quien se lo dijera. Las semanas antes de mi partida fueron muy tristes. Recuerdo muy bien el día que nos despedimos, sentados cada uno en una silla junto al frigorífico unas horas antes de tomar el avión. Ninguno de los dos decía nada, sólo yo de vez en cuando abría la boca para prometerle que nos volveríamos a ver, pero casi todo el tiempo estuvimos en silencio, muy apagados, cogidos de la mano. Cuando me levanté para marcharme los dos rompimos a llorar y comenzamos a abrazarnos y a darnos besos hasta que aquello se volvió insoportable y me fui. Al día siguiente, el mismo día que yo llegué a Laranjeiras, la Goya amaneció muy triste, tan triste que enfermó, lo cual no era tan extraño teniendo en cuenta su edad. Le dieron una medicación que chocó con otra que ya estaba tomando, empeoró y la tuvieron que ingresar. Y a los días murió.

En Laranjeiras lucía el sol, aunque hacía frío. Me dirigía con Marco a Crehnor a sacar dinero para pagar unas cuentas cuando me sonó el móvil. Oí la voz de mi padre al otro lado y me dio la noticia. Marco se hizo cargo de la situación y me dejó solo en cuanto él hacia las cuentas en el banco. Comencé a llorar en medio de la acera como un niño pequeño, durante varios minutos sin parar. Cuando me recuperé un poco busqué en los bolsillos a ver si tenía algún pañuelo, pero no encontré ninguno, así que me limpié la cara con las manos, pero no era suficiente. Vi una farmacia en la otra acera y fui hasta allí, y de camino volví a derrumbarme. Entré llorando en la farmacia. Busqué por varios estantes hasta encontrar los cleanex. Recuerdo la cara de la cajera cobrándome mientras yo no paraba de llorar. Ahora lo pienso y lo cierto es que es un poco cómico.

Aunque nadie me lo dijera explícitamente, yo supe (y sigo sabiendo) que la Goya se murió por mi causa. Fue mi marcha la que precipitó los acontecimientos que llevaron a su muerte. O lo que era lo mismo: “si yo no me hubiera marchado de Pamplona ella estaría viva”. Esta certeza me torturó durante dos días. Lo recuerdo como un dolor insoportable dentro de mi cabeza que giraba continuamente en forma de pregunta: “¿por qué?”.

Curiosamente el tercer día amanecí sin dolor. Me pesaba pensar que mi querida abuelica se había marchado, pero ya no me molestaba tanto la idea de que yo fuera el culpable.  Ya no volví a llorar por ella.   Pasaron las semanas y, además de recuperar la alegría, comenzó a invertirse mi percepción de los hechos. Pasé de sentirme desdichado por como se había marchado, a pensar que en realidad había tenido mucha suerte por haber sido precisamente así. Y aquellas dos horas en su cocina, cuando nos despedimos en silencio hace casi un año, fueron para mí como un regalo que de ninguna otra manera hubiera recibido. Por más que lo pienso no me imagino una despedida mejor.

Hoy hubiera cumplido 99 años. Sirva esta entrada, que tal vez no lee ni cristo, para mandarle un abrazo, a ella y a todos los que la quisieron y que seguro hoy la van a echar mucho de menos.

Desde que estoy en Brasil ya he jugado unos cuantos partidos de fútbol, aquí son bastante aficionados, mi abuela también lo era, no tuvo más remedio, pues tuvo dos hijos futbolistas; y desde el primero hasta el último partido, que fue este sábado pasado, me prometí  que siempre que metiera un gol señalaría al cielo con las dos manos en su honor, igual que hace Messi, que siempre se los dedica así a su abuela, pero joder, todavía no he marcado ninguno. Pienso seguir intentándolo, aunque tampoco me preocupa demasiado. Conociéndola como la conozco, seguro que se está descojonando desde el cielo. Era la mejor.

 

 

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Cooperación. Recanto da Natureza

Las abejas, debido a su naturaleza, viven en colonias organizadas, compuestas por una reina, los zánganos y las obreras. Las obreras trabajan sin descanso por el buen funcionamiento de la colmena, y a lo largo de su corta vida, según la edad en la que estén, tienen diferentes funciones, como operarias que rotan por las distintas tareas de una cadena de montaje. Los zánganos no trabajan, porque su única tarea es fecundar a la reina y sólo se dedican a eso, así que son  alimentados por las obreras. La reina se encarga de reproducir, sin ella la colmena dejaría de existir. Estos son los tres tipos de abejas, y entre todas cooperan.

Yamira, junto con Ivete, escribe los proyectos de Ceagro (el centro de formación de agroecología del MST en la región), y desde hace algunos meses la propia Yamira también coordina lo proyectos que nos aprueban. El último fin de semana de Marzo tenía que ir a Recanto da Natureza para acompañar un curso de Apicultura dentro de un proyecto para ese acampamento de una Casa de Miel. Cuando Yamira me comentó que iría a Recanto ese fin de semana, yo pensé que el proyecto era de Ceagro, pero no, el proyecto lo habían presentados los mismos acampados; Ceagro, en solidaridad con ellos,  había ayudado en la redacción del proyecto y, una vez que se lo concedieron, también se iba a encargar de coordinar la formación. Yamira contactó con Sidi, técnico en agroecología y miembro del MPA (Movimiento de Pequeños Agricultores) para dar las clases de apicultura. En el proyecto (pagado por Caritas) había presupuesto básicamente para los materiales, pero no se financiaba la formación, de modo que aunque precisábamos de Sidi para formar al personal, no se le pagaría nada; pero él no tuvo reparo en colaborar, es más, fue encantado. Porque aunque no es de MST (él es miembro de MPA), no se olvida que fue gracias a la turma de agroecología de Ceagro que ahora tiene su título. El siguiente paso era ir hasta Recanto, que no está lejos, a una hora más o menos de Laranjeiras, y Yamira me pidió el coche para poder trasladarse hasta allí, y yo, ya de paso, me animé a ir.

En fin, que fuimos. En la parte teórica Sidi nos habló de las abejas, de los distintos tipos que hay y de cómo se organizan y viven, de sus reglas, de su cooperación. La idea de la apicultura es crear un hábitat artificial para ellas, y conseguir que una colonia viva y que produzca miel como si hubiera sido una elección de ellas la que les hubiera llevado hasta allí. Ese primer día también aprendimos preparar las cajas con cera para atraer a las abejas, para que más adelante se instalen allí, y después, en plan excursión, fuimos donde van a colocar el apiario en medio del mato, donde Sidi, tras inspeccionar el terreno, dio varias indicaciones para la correcta manutención de las cajas y de cómo recoger la miel de la colmena. Antes de marcharnos, a modo de recuerdo, Yamira nos hizo una foto.

El domingo fue jornada de campo. Sidi nos enseñó como pasar abejas de una colmena natural a una colmena artificial (a una de las cajas preparadas por nosotros el día anterior). La clave está en atrapar a la reina, porque el resto la seguirán y la cuidarían allí donde estuviera, porque sin ella no hay colmena, no hay colonia. Con los trajes puestos, lo intentamos en dos colmenas, echamos el humo para desorientarlas, e intentamos atrapar a la reina, que se le distingue porque es bien más grande que el resto. En ambos casos no lo conseguimos, las obreras, al oler el peligro, la escondieron, y después por más que buscamos no hubo manera. Tras la practica de caza, infructuosa aunque formativa, fuimos a la propiedad de un acampado que ya tiene varias cajas con abejas produciendo, y que de momento están en su propiedad, pero en seguida las juntará con las nuevas cajas en el apiario común, porque estas familias de Recanto viven en comunidad, como las abejas, y mientras tanto las mantiene en su lote, y aquella mañana, como iba diciendo, nos acercamos hasta allí, para ver sus abejas, para aprender a como acercarnos a la caja, como echar el humo, como retirar la miel…

Llevo más de un mes casi a tiempo completo en Crehnor y no he vuelto ver a nadie de Recanto, pero esta semana que me acerqué a Ceagro me encontré con Wilson, y un día después con su hermano en Crehnor. A ambos les pregunté por la Casa de Miel y por la apicultura, y ambos me respondieron contentos y orgullosos que marcha bien. De momento colaboran 15 personas, en cinco grupos de a tres; cada semana uno de los grupos se encarga de la manutención y las tareas del apiario, y así van rotando. De momento la actividad la mantienen 15 de las 20 familias, y tienen 8 cajas (8 colmenas artificiales), allí en el mato, donde Yamira nos hizo la foto, pero por lo que me comentó el hermano de Wilson la actividad va creciendo y esperan que en los próximos meses se incorporen el resto de las familias de Recanto da Natureza a la producción de miel, ese es su objetivo, que todas colaboren y todas se beneficien.

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Camino hacia la agro-ecología

 

Transcripción (más o menos) del discurso de Pedro Christoffoli en el seminario de leche orgánica celebrado el pasado 4 de Abril en Ireno Alves con familias de este asentamiento interesadas en la mudanza a este tipo de práctica agroecológica. Esperábamos 60 productores, pero vinieron aproximadamente la mitad.

 

 

Tras las conquistas de los asentamientos de la región, intentamos dirigir las actividades de los asentados hacia prácticas agro-ecológicas, pero hasta ahora no conseguimos una actividad económica alrededor de este tipo de producción. Para lograr avanzar en este camino, además de pensar en las ventajas ambientales y de salud, teníamos que conseguir que los productores consiguieran vivir de una producción agro-ecológica.

Sabemos que más del 70% de los asentados tienen una buena renta gracias a la venta de leche. Sabemos también que los costes de producción son más bajos en la producción de leche orgánica, no así la mano de obra, que aumenta. Aunque la calidad de la leche es indiscutible, difícilmente un productor de leche orgánica conseguiría un precio mayor que un productor de leche convencional, porque no se comercializan productos de este tipo de leche. Para suplir esa carencia, estamos construyendo el Laticinio (léase industria de productos lácteos) Coperjunho dentro del Asentamiento 8 de Junho.

Ya tenemos una plataforma que compra y vende leche, pero de esta manera conseguimos muy poco margen. Necesitamos una industria que añada valor al producto.

El laticinio de Coperjunho ya empieza a ser una realidad. Podéis acercaros al Asentamento 8 de Junho, donde la BR, podréis ver como va la construcción. Esta muy avanzada. Para Mayo acabaran las obras. Todavía tenemos otros frentes, los equipamientos, fondo de maniobra para empezar… pero prevemos que para Septiembre u Octubre de este año ya esté la industria en marcha.

No obstante el laticinio comenzará a producir con leche convencional. ¿Por qué? La industria tiene una capacidad de producción de 20.000 litros al día. No tenemos 20.000 litros de leche orgánica, y de aquí a final de año no lo vamos a conseguir (porque además del proceso de un tipo de leche a otro, conseguir las certificaciones lleva un tiempo). Comenzaremos con leche convencional, y conforme consigamos productores de leche orgánica, iremos haciendo productos orgánicos.

Cuando comencemos a producir productos orgánicos, como nuestra cantidad de leche será limitada empezaremos con pocos productos, con quesos, que es lo más fácil. Pero conforme tengamos mayor cantidad de leche orgánica, podremos comenzar a producir yogurt y bebida láctea. Entonces necesitaremos de frutas agro-ecológicas. Nuestro equipo de ATER (Asistencia Técnica en el Asentamiento Ireno Alves) ya comenzó a trabajar en otros tipos de productos agro-ecológicos, y en un futuro gracias al laticinio las familias no sólo tendrán una renta de leche orgánica, si no también de frutas, miel, azúcar… todos agro-ecológicos. Ya tenemos un grupo de mujeres que producen pulpa de frutas.

Gracias al laticinio de Coperjunho, la riqueza generada por las producciones agro-ecológicas se quedarán dentro del asentamiento. Con la producción extensiva y la utilización de agro-tóxicos y venenos, la riqueza generada salía fuera, a multinacionales o transnacionales que no tienen ningún respeto por el medioambiente. En cambio, con esta nueva forma de trabajar, los costes de producción son menores, y aunque hay que utilizar más mano de obra, la riqueza que genera esa mano de obra, se queda dentro del asentamiento. Así mejoraremos la renta de las familias, no de las multinacionales.

Y para complementar al laticinio, más concretamente en este asentamiento (Ireno Alves), vamos a abrir una tienda de productos agropecuarios, de modo que si un agricultor tiene maíz sin veneno, lo podrá vender a la tienda para que está realice pienso agro-ecológico.

En definitiva, vamos a crear una industria. Mercado ya hay (hay muchos estudios de mercado que confirman que se comprarían productos lácteos agro-ecológicos). Lo que no existe es producto.

Y para el que tenga problemas de financiamiento para la transición hacia la leche orgánica, se pueden beneficiar del Fondo de Microcréditos de Mundukide, o también de Crehnor.

Y no olvidemos una cosa. Hoy el precio de leche está bien, pero no va a estar siempre así. En Brasil está aumentando la economía, están aumentando los salarios… si llega una crisis, bajaran los precios. Pero los precios agro-ecológicos se mantendrán.

Y aunque la base del discurso ha sido el aumento de renta de los productores (debido a que es la manera de avanzar en este tipo de producción) no olvidemos que lo más importante no es el aumento de renta, lo más importante es el aumento de salud.

 

Asentamiento Ireno Alves (Comunidad Arapongas)

4 de Abril de 2012

 

 

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Teatro en el Séptimo Encuentro de Mujeres Camponesas

El encuentro regional de mujeres camponesas (lease campesinas) se celebró este año en el Asentamento 8 de Junho, donde se encuentra la panadería de mujeres Coperjunho. Esta actividad (la de la panadería) comenzó en 2005 con un grupo de tres mujeres, sin saber muy bien a que querían dedicarse, pero con muchas ganas, y a día de hoy ya son 24 y comercializan 60 tipos de productos distintos.

Pero éxitos empresariales aparte,  esta cooperativa ha conseguido ser un ejemplo para numerosos grupos de mujeres de la región, mujeres que les gustaría ser emprendedoras y que creen que no pueden, que piensan que no son capaces, y que después de visitar sus instalaciones, conocer la trayectoria de la panadería, que crece y crece al margen de los maridos, de los hombres, estos grupos de mujeres que conocen esta experiencia confirman sus ganas de emprender, y a veces hasta se animan y comienzan a creer en sí mismas, a creer que por qué no van a conseguir algo similar si luchan. Si las mujeres del 8 de Junho han podido porqué nosotras no, nosotras también podemos ser autosuficientes, autónomas.

El 8 de Junho era el escenario ideal para el encuentro regional, que se celebra una vez al año (para conmemorar al día internacional de la mujer trabajadora). Cada año toca en un asentamento distinto y ninguno es menos que otro, pero la fuerza del grupo de mujeres de Coperjunho, su alegría, refuerza el espíritu independiente del que tantas mujeres camponesas creen carecer. Fue una jornada festiva, de lucha, que empezó con un desayuno en las obras de la UFFS, una marcha hasta el asentamento por la BR, y ya en las instalaciones de Coperjunho, un acto tras otro, y entre ellos varias piezas de teatro del grupo de jóvenes del asentamiento.

Una de estas piezas me llamó la atención. Comenzaba con una escena de violencia familiar en la que el marido ninguneaba a su mujer, ya sabéis, prepárame la comida, no sirves para otra cosa, si no es por mí que traigo el dinero tú no vales nada… cosas así. En la siguiente escena la mujer se desahoga con una amiga y le cuenta su situación, desesperada por no tener más salida que continuar con el marido, que además de borracho es violento. La amiga entonces le recomienda unirse a la cooperativa. ¿Cuál cooperativa? Coperjunho, le responde, en el mismo asentamento. Allí puedes recibir una formación, trabajar, y no tendrás jefe, porque es una cooperativa y nadie es jefa de nadie, y podrás conseguir el dinero suficiente para pagar las cuentas y no depender de ese mangarrán. La mujer se convence al instante, y en la siguiente escena comunica al marido su decisión, que claro, monta en cólera; Cómo vas a trabajar tú, Qué te has creído, Cómo vas a traer tú dinero a casa para pagar las cuentas, Tú estás loca, Vamos hombre, deja de decir chorradas y prepárame la cena que tengo hambre. En la siguiente escena el marido (que por cierto, creo que no lo he dicho, era una niña adolescente caracterizada de marido), habla con un amigo, al que le cuenta la decisión de su mujer con incredulidad, a veces dirigiéndose al público (alrededor de 600 mujeres camponesas estaban viendo la obra). Finalmente aparece un policía que se lo llevaba arrestado, acusado de violencia doméstica según la ley 11.340.

Aunque pueda resultar un argumento muy simple, lleno de tópicos, a mí me pareció de una complejidad suficiente como para escribir algo (como por fin he hecho) sobre esta pequeña pieza de teatro. Porque por muy sencillo y fácil que pueda haber resultado la historia, para una situación dramática como ésta (más si tenemos en cuenta los espectadores, o mejor dicho, las espectadoras que allí se encontraban),  la actuación fue cómica, ahí reside su complejidad. Quizás hasta la simpleza del argumento y la exageración del mismo (incluido el policía que al final se lo lleva arrestado), era parte de la comicidad de la obra. Y la actuación de la niña que hacía de marido machista… buf, le ponía tal sentimiento a los insultos hacia las mujeres, cómo se encaraba con el público de la misma manera con la que se dirigía a su ficticia esposa, la forma de mirar a todas con un desprecio que resultaba hasta creíble. Al final resultó una pieza de lo más divertida, con las carencias de medios, de tiempo (duró unos quince minutos, no más), y supongo que de experiencia de este grupo de jóvenes. Creo que no se podría haber hecho mejor, y para una jornada como esa, festiva, no se podía haber interpretado de otra manera.

Pero lo que me dio mucho que pensar, lo que me pregunto aún hoy que ha pasado casi un mes, es cuántas de esas mujeres que rieron con esa pieza de teatro se les habría revuelto algo en su interior. ¿Cuántas de ellas habrán visto en esa interpretación una realidad nada (pero nada) exagerada, casi exacta, de la vida de su vecina, de su hermana, o de su propia vida? Joder, más de una y más de cinco seguro, y si te descuidas más de cincuenta (la obra llevaba por título “Uma em cada 5 mulheres sofre violencia doméstica, essa é a historia que vamos a retratar hoje”. Había en torno a 600 mujeres en el encuentro. Sólo hay que hacer la cuenta).

Me gusta pensar que quizás esta pieza le ha hecho abrir los ojos a alguna de ellas y, de la misma forma que las visitas a la panadería pueden lograr ese efecto en otras mujeres camponesas, quizás este teatro preparado por las jóvenes del Asentamento 8 de Junho, haya servido para que alguna de las mujeres que vieron la obra se de cuenta que hay alternativas a esa vida con la que quizás se había resignado para siempre y de la que pensaba que jamás iba a escapar.

 

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Claudio

 

Claudio y Felipe

 

Fue el primer brasileño que conocí, porque justamente mi primer día en Laranjeiras desayuné en la cafetería de abajo porque no teníamos nada en casa y él estaba allí, con Felipe, su hijo de 6 años. Creo que lo iba a llevar al médico.

Ibon me lo presentó como el gerente de la plataforma de compra –venta de leche (una de nuestras principales cooperativas); “es acampado” me recalcó. La diferencia entre acampado y asentado, para el que no lo sepa, es que el acampado está ocupando (de forma “ilegal”, que no inmoral) unas tierras que no son productivas. El asentado, en cambio, a través de una vía judicial y amparado en la constitución brasileña, a base de estar acampado ha conseguido que esas tierras sean para que él y su familia, y así tengan acceso a una vida digna.

En fin. Marco, el cooperante al que sustituí, apoyaba mucho la gestión de la Plataforma y estaba casi todos los días con él. Claudio no sólo se encarga de la gerencia de esa cooperativa, también de la Agroveterinaria (la tienda de productos agropecuarios, otra de las empresas que apoyamos), que es una actividad ligada a la plataforma porque la mayoría de los proveedores de leche son clientes de la tienda. Yo tengo un perfil distinto al de Marco (el mío es más financiero y el de Marco más técnico) y el proyecto actual de Mundukide me exige otras funciones, así que yo no acompaño a Claudio tanto como Marco. A veces me ha dado la sensación que Claudio estaba un poco defraudado con el cambio, normal, porque no trabajo tanto con él como el anterior cooperante, pero ahora que ya ha pasado un tiempo razonable desde que lo conocí, me da la sensación de que simplemente él es así, casi siempre está agobiado, angustiado, con mil rollos en la cabeza. No tiene nada que ver conmigo. O eso creo.

Más adelante supe que además de las dos actividades económicas, también es el elegido por el movimiento de negociar la venta del inmovilizado del que dispone el Grupo Cooperativo (algún camión, escavadora…) y de cobrar las deudas pendientes de Coagri (anterior cooperativa de MST en la región, que por cierto quebró). Esta última función, la de cobrar a los “deudores”, bastante cargante, a él al menos le carga, es incómoda, pero la realiza, y pone empeño en cobrar a los deudores, me consta. Y es que el tío nunca para, a pesar de todos los agobios. Aunque lo que más le angustia es ser acampado, el llevar tanto tiempo esperando que algo se mueva para que Solidor, el nombre de su acampamento, se convierta en asentamento y pueda coger un poco de aire.

Es por ello que, a las dos semanas de llegar yo a Laranjeiras, fuimos a una movilización pacífica del MST de varios días en Curitiba. Allí que fui con Claudio.

En la movilização de MST en Curitiba

 

Una vez allí descubrí que además de la movilización, había varias jornadas de negociaciones con el INCRA (Instituto Nacional de Colonização e Reforma Agrária) por la situación de los acampamentos de Parana. Esta institución es la que se encarga de aprobar y certificar que un acampamento se convierta en asentamento, o lo que es lo mismo, certifica que la situación de esas familias pase de ser “ilegal” a legal. Durante los dos días que estuve en Curitiba no me separé de él, entre otras cosas porque no entendía nada (por el idioma), y porque tampoco conocía a nadie más. Claudio es el representante de las 35 familias que están acampadas en Solidor, y cuando llegó su turno en las negociaciones (nos recibieron en la sede del INCRA de Curitiba), fue él quien debatió con los funcionarios y el superintendente. Cuando acabó le pregunté que tal había ido, recuerdo que salió contento, aunque a los meses le pregunté como iba el tema de Solidor (su acampamento, su casa), y me contestó que igual que siempre: parado. Lleva 9 años como acampado, primero bajo un plástico, después en una chabola, y finalmente se construyó una casa. Allí vive con su mujer y sus dos hijos pequeños, Felipe y Victor. En este tiempo varias familias han abandonado el acampamento, desalojados por el desgaste, por la incertidumbre, por la presión. De vez en cuando llega una orden judicial que les obliga a desmantelar todo y marcharse, o la policía, o algún compinche del latifundista (el propietario “legal” de las tierras) a amenazarles de muerte si no se marchan. La mayoría de ls veces es Claudio quien se enfrenta a ellos, quien dialoga, quien da la cara. No han conseguido echarles. Allí siguen.

Claudio en las oficinas del INCRA en Curitiba

 

A pesar de tener toda esta información sobre Claudio, mi visión de él varió un día que fuimos a visitar a un grupo de productores de leche de la ruta 4. Esta actividad, la Plataforma de Compra-Venta de leche, es nueva para nosotros, porque hasta Septiembre del año pasado, aunque las instalaciones son nuestras, la gestión de la plataforma la llevaba otra empresa (Terra Viva), pero entonces comenzamos a asumir nosotros esas funciones. La ruta 4, fue la primera de las rutas en las que empezamos a comprar leche, y un grupo organizado de ganaderos no se fiaban de vendernos; aún se acordaban de la quiebra de Coagri. Allí fuimos Vander, Eliane, Claudio y yo (a mí me llevaron como representante de Mundukide, para hablar un poco de la experiencia de Mondragon y del apoyo que estamos dando a las cooperativas del MST). Eran unos veinte ganaderos, con pinta de muy brutos (con perdón) y de escépticos a lo que fuéramos a decirles. Yo me coloqué junto a Claudio cuando comenzó a hablar. Les explicó porqué habíamos asumido la gestión de la plataforma en ese momento, y cual iba a ser nuestra forma de trabajar, habló de la estrategia del MST en la región, de que nadie tenía porque tener miedo de vendernos su leche, etecetera, etecetera. Aunque mi portugués era deficiente ya estaba acostumbrado a escucharle a Claudio, y le entendí casi todo. No sé como explicarlo, pero es que dio un discurso perfecto. Nadie replicó, ninguno de los veinte productores de leche pudo rebatirle nada. Y aunque después hubo alguno que quiso (aprovechando la coyuntura) conseguir un precio más alto por la leche, Claudio dijo que no, que íbamos a pagar lo mismo que Terra Viva, y nuevamente, nadie dijo nada.  Cuando nos marchamos, ya en el coche, Claudio me sonrió. Yo le dije: “eres un cabrón”, y echó una carcajada. Porque bajo su frágil fachada esconde un mounstruo. Ese día me di cuenta, no sólo del potencial de esta persona, también de lo mucho que quiere, defiende y representa para el MST.

Casa de Claudio, en Solidor

Aunque no acompaño a sus actividades con la misma intensidad que Marco, acompaño en las reuniones, y un día o dos a la semana me acerco a Nova Laranjeiras con Robson, a la plataforma o a la tienda. Cuando le pregunto a ver qué tal está, Claudio siempre resopla, me cuenta varios de los imprevistos que le han surgido esa semana o ese mismo día, de todos los frentes que tiene abiertos y acaba diciéndome que está muito cansado. Y es que el tío nunca para, ahora se ha presentado a alcalde de Espigón, un pueblo cercano a su acampamento. En fin.

La semana pasada por fin Solidor se convirtió en asentamento, se va a llamar “Segunda Conquista” (en otra entrada hablaré de este acampamento, que el tema tiene miga). Resulta que tras años de juicios, se ha demostrado que el que era propietario legal de esas tierras, el latifundista que les amenazaba, había falsificado el título de propiedad con la complicidad de una juez de Quedas de Iguazu. Vamos que el propietario legal no era tan propietario, y desde luego no era tan legal. En el acto en el que el Superintendente del INCRA certificaba la cesión de las tierras a las 35 familias que han aguantado como campeonas las amenazas, las incursiones de la policía, las ordenes de desahucio, Claudio habló como él sabe hablar en público, y por encima de sus palabras, me quedé con su felicidad, por lo que transmitía, porque la más importante de todas sus ocupaciones, el simple hecho de vivir en Solidor bajo la lupa de la injusticia, por fin ha dado sus frutos. Todavía hay mucho camino que recorrer. Este sólo es un primer paso, hay que repartir las tierras, comenzar con las infraestructuras, comenzar a producir, ser productivo… en definitiva, seguir luchando.

Pero esta victoria… a Claudio no se la quita nadie.

Claudio con Victor

 

 

 

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Laranjeiras Do Sul y el Grupo Cooperativo de la Reforma Agraria

Laranjeiras Do Sul

La misma noche que llegué a Laranjeiras, mientras me secaba tras la ducha post-viaje, no había transcurrido ni media hora desde que había bajado del autobús, vi como desde uno de los desagües del suelo salía una cucaracha, observaba un poco a su alrededor, quizás me miro a mí como diciendo “¿quién es este tío?”, y volvió a su desagüe, tranquila, sin pensar que yo pudiera ser una amenaza para ella (como así fue, pues a los pocos minutos eché un producto por el desagüe y al día siguiente apareció muerta en la cocina). Aquí las cucarachas son más grandes, o eso me parece a mí, y más comunes que en Pamplona, quizás porque se trata de una zona de campo, aunque aquí las hay hasta voladoras, de las que antes de venir a Brasil no sabía ni que existían. Intento tener la casa limpia, pero de vez en cuando aparece uno de estos seres inofensivos, aunque asquerosos, de los que siempre temo que se reproduzcan de un modo que tenga que llamar a un fumigador, así que si veo una, siempre acabo exterminándola. El caso es que ese primer contacto que tuve con mi apartamento de Laranjeiras, esa extraña familiaridad entre el espantoso insecto y yo, me trajo de repente un recuerdo nostálgico de lo que había sido mi vida en esta ciudad durante mis primeros siete meses, y lo que en adelante iba a volver a ser.

También había olvidado la doble vida que llevan los perros. Desde que llegué en Mayo quiero escribir algo sobre estos personajes que deambulan por las calles de Laranjeiras, porque es como un tipo de civilización paralela, como un submundo, casi invisibles de día, porque su momento llega por la noche, como los vampiros. Es durante esas horas cuando se comunican entre ellos, cuando la ciudad duerme, o mejor dicho cuando los humanos dormimos, entonces los perros no paran de ladrar, es algo que no deja de sorprenderme cada noche, y yo estoy convencido de que se comunican entre ellos, lo estoy, igual que nosotros utilizamos el mail o el móvil, es en la oscuridad el único momento que ellos tienen cobertura. En Laranjeiras los perros esperan a que se haga de noche, a que la ciudad quede en silencio, para hablar, para mandarse whatsapps, mensajes, o invitaciones a juegos de facebook. Ladran y ladran. Todas las noches. A veces pienso que quizás intentan comunicarse con nosotros, o conmigo, que nos envían señales. En fin.

Agroveterinaria

Y a mí que este clima siempre me había recordado tanto al de Navarra, supongo que porque no había vivido todavía el verano, lo que está sucediendo esta última semana está contradiciéndome. El lunes después de almorzar con Leo en Cristo Rey (un lanchonete que tengo debajo de casa) en el cielo quizás había alguna nube, pero reinaba el sol, y hacía mucho calor. Subí a lavarme los dientes, no tardé ni cinco minutos, y antes de salir del piso Laranjeiras estaba encapotado por una nube gris, y comenzó a llover con una furia que pocas veces he visto en mi vida. Esta zona tiene unos dejes tropicales que a mí se me escapan, lleva toda la semana así, mucho calor y lluvia torrencial, mucho calor y lluvia torrencial… Quizás había vivido algo parecido antes de marcharme en Navidad, pero lo del lunes fue espectacular. Aunque las ventanas de mi apartamento estaban cerradas, la violencia de la lluvia era tal, que entraba el agua casi como si estuvieran abiertas de par en par. Hay rendijas que en determinadas situaciones no se pueden controlar. Y allí estuve, casi hora y media con la fregona de aquí para allá, colocando toallas en el suelo, y llevando cubos y cubos al retrete del baño.

Y es que Laranjeiras no deja de sorprenderme, aunque de eso me estoy dando cuenta ahora. Mejor dicho, me vuelvo a dar cuenta ahora.

Posto de leite

Y de la misma forma que había olvidado este tipo de sorpresas naturales-domesticas, fauna-climáticas que surgen cuando uno menos se lo espera en Laranjeiras y sus alrededores, había olvidado también el trajín de las actividades del Grupo Cooperativo de la Reforma Agraria, de las sorpresas que surgen casi cada día. Como con la Plataforma de compra-venta de leche, por ejemplo. Creo que no he hablado antes de esta cooperativa, de esta actividad, que prácticamente es nueva para nosotros. Las instalaciones son nuestras (cuando digo nuestras, quiero decir del Grupo) desde hace años, pero la gestión de la actividad la llevaba otra empresa, otra cooperativa también de MST, pero de otro estado. En realidad era una cogestión, pero nuestros ingresos básicamente venían del alquiler de la plataforma, y no corríamos un riesgo excesivo. Pero a partir de Septiembre del año pasado empezamos asumir nosotros la compra y venta de leche y el servicio de resfriamiento de la plataforma. Es parte de la estrategia del MST en la región. Estamos promoviendo la leche orgánica en los asentamientos, y a su vez construyendo un laticinio (una industria de productos lácteos que en el futuro serán de leche orgánica), y una manera de empezar a familiarizarnos con el mercado y con la futura industria, era asumir la gestión de nuestra plataforma. Y las sorpresas son prácticamente diarias, para bien y para mal, productores que nos dejan de vender leche, otros que no aceptan el precio que les ofrecemos, industrias a las que les vendemos la leche que nos torean con la calidad, el precio, el servicio; equipamientos que tenemos que renovar, nuevas rutas que asumimos, negociar otra vez con los transportistas, nuevos productores que conseguimos, por fin logramos bajar el precio medio de compra, la actividad parece que empieza a ser rentable, pero uno de nuestros trabajadores decide marcharse porque no está contento con el salario, necesitamos buscar a alguien, necesitamos hacer formaciones, y un día llega el auditor, un inspector del SIF que hace un control de las instalaciones, y hay alguna maquina que tenemos que arreglar, o mejorar la limpieza, o necesitamos algún equipamiento nuevo. Buf, es un estrés, no hay un solo día que sea tranquilo. Hacemos reuniones semanales en las que parece que se va a acabar el mundo, lluvia de ideas, tormenta de problemas, pasa el tiempo y cada vez tenemos un poquito más de experiencia, pero cada día tenemos un problema nuevo, otro imprevisto. Y quien dice con el puesto de leche, dice con la tienda de productos agropecuarios (la Agroveterinaria), en la que llevamos arrastrando un problema de caja desde Octubre, que casualidad, desde que asumimos la plataforma y todos nuestros ojos, nuestros sentidos, están dirigidos a la leche. Ahora es una de nuestras prioridades, otra más, la agroveterinaira; cambiamos el personal, mudar la forma de comprar con los proveedores, ahora nos hemos dado cuenta, compramos demasiado stock durante tres meses, también debemos mejorar la forma de cobrar a los clientes, no hay fondo de maniobra suficiente, hay que cambiar el sistema informático para ser más competitivos, tenemos que aumentar las ventas, quizás abramos una nueva tienda agroveterinaria en el Asentamiento Ireno Alves, donde ya abrimos un mercado en Noviembre…

Y los mercados, una de nuestras actividades más rentables, pues lo mismo. Ahora en Nova Laranjeiras, donde tenemos uno de los mercados, va a abrir a mediados de Marzo un Shopping, un gigante que nos va a machacar las ventas, y ya estamos otra vez, reuniones y más reuniones, estrategias defensivas, ofensivas… No ganamos para disgustos, tampoco para satisfacciones, nos tumban y nos levantamos, nos levantamos y nos tumban, pero continuamente seguimos luchando, porque los del MST son así, y ya se nos ha contagiado, a mí al menos un poquito. Además, para eso hemos venido, y no nos podemos rendir, y como decía al principio, parece mentira que en el tiempo que estuve en Pamplona ya me hubiera olvidado de todo este jaleo, de las cucarachas que aparecen de repente y hay que exterminar, de los perros que ladran todas las noches, de intentar interpretar sus señales (si es que hay algo que interpretar), y sobre todo, cada vez que hay una inundación debido a las rendijas que no se ven, pues lo de siempre, a coger el cubo, la fregona y a recoger el agua una y otra vez, para que quede el suelo lo más limpio posible, y así estar preparados para el siguiente contratiempo.

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Reflexión sobre las vacaciones

Tras mi estancia en Pamplona por las vacaciones de Navidad, estancia más larga de lo que cabía suponer por problemas burocráticos, al final estuve casi dos meses fuera de Brasil, y sólo cuando fui a coger el avión, mientras hablaba con mi primo Borja que me vino a despedir al aeropuerto, me di cuenta que durante este tiempo de reencuentro con los seres queridos, no hice otra cosa que hablar de mí y de mi labor con el equipo de MDKD en Laranjeiras. Durante el vuelo hacia America, también los días siguientes, recapacité sobre esta revelación que tuve, pues siempre he achacado el hablar mucho de uno mismo a la inseguridad. Como las revelaciones no vienen solas, bueno quizás sí, pero no en este caso, también me di cuenta (sería más acertado que escuché) que casi toda la gente con la que estuve durante este periodo de tiempo (amigos, familiares, colegas de MDKD), me habían dicho que me notaban triste, serio, más apagado que de normal, raro, distinto; distintos calificativos que iban todos en la misma dirección, pero como digo ahora, sólo los escuche una vez me hube marchado, como si estas palabras las hubiera almacenado en algún armario de mi conciencia que sólo me atreví a abrir una vez que tome (o iba a tomar) distancia con todos ellos. En definitiva, no sólo había hablado más de la cuenta de mí mismo, si no que no había escuchado, o al menos había escuchado en una proporción significativamente menor a todo lo que se me había dicho.

Supongo que mi vuelta a Pamplona me revolvió, e hizo que durante esos casi dos meses, me convirtiera en una persona distinta a la que tomó el avión en Curitiba, ajena a la realidad o preso en una realidad que yo me había montado. Es complicado salir fuera del bunker y mirar hacia uno mismo, pero creo que hubo algo que (mi subconsciente) quería ocultar. Aunque todavía no sé muy bien qué.

Se me ocurren tres hipótesis:
(1) Que no tengo claro si hice bien mi trabajo en los 7 primeros meses en Laranjeiras. Soy consciente de varios de mis errores en esta primera etapa, como que he querido abarcar demasiadas tareas y no he sido lo suficientemente productivo en ninguna de ellas. Pero sobre todo, al tener contacto con el equipo de Mundukide estas navidades, a veces (decir siempre sería exagerar) me da la sensación de que soy un poco fraude, pues los veo a todos tan profesionales, tan expertos, que a veces me da la sensación de que hay un abismo entre ellos y yo.
(2) Que no sé si estoy seguro de haber dejado mi vida anterior (relativamente placentera) de Pamplona por esta de locura desenfrenada de Brasil. Esto se explica por mi reencuentro con Pamplona, mi querida Pamplona, el casco viejo, los pinchos, mis colegas, mi madre, mi padre, incluso el haber contactado con varios compañeros de mi anterior etapa en Caja Laboral. Me doy cuenta que era una vida muy cómoda, mucho más que esta otra, y quizás quería haber continuado con ella.
Y (3) Que sí, que estoy contento con el paso dado (de Caja Laboral a Mundukide, de Pamplona a Laranjeiras do Sul) y con mi labor durante este tiempo (los primeros meses en Laranjeiras), pero que se me está haciendo más duro de lo que yo mismo me empeño en creer. Intento mantener una actitud positiva y estar alegre, pero quizás a veces me engaño a mí mismo, y no exploto cuando debería explotar, o guardo ciertas desesperaciones en el mismo armario donde guardé todos los adjetivos grises que me dijo mi gente de Pamplona durante las vacaciones, que esperaba el Lucio anterior a marcharse, y que encontró uno distinto, algo más apagado, o más raro aún de lo que era antes.

Yo me inclino por esta última, porque para mí es la menos dolorosa, la que me deja en mejor lugar, porque hasta me hace sentirme humilde, y porque de las tres es la que tiene más fácil solución, o eso creo; es cuestión de luchar un poco más por aclimatarme, y ser más sincero conmigo mismo.

En fin, seguiré pensando, o mejor, intentaré no pensar demasiado, y voy a ver si me esfuerzo por hablar menos de mí y escuchar más a los demás. Llevo en Laranjeiras una semana, y lo cierto es que he llegado con fuerzas renovadas, aunque estos primeros días de trabajo me han hecho aterrizar de nuevo a la locura que era mi vida antes de Navidad.

Sólo sé una cosa, y es que me siento feliz aquí, mucho, a pesar de la locura, lo que me hace sentir un poco ruin con mi gente de Pamplona, como si les estuviera traicionando, o abandonando, como si no me importaran todo lo que me debieran de importar. Hostia, igual van por aquí los tiros.

Buf, lo dicho, voy a intentar no pensar demasiado.

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TGC – Formatura (Izaias)

Foto de Tatiane Ansolin

El pasado viernes se celebró la Formatura del TGC en el Asentamiento del 8 de Junho, aquí cerca, a 7 kilómetros de Laranjeiras. El barracón donde se encuentra la Panadería (del 8 de Junho) estaba adornado con un enorme mural y banderas enormes de Brasil, MST, Movimiento de Pequeños Agricultores… Los alumnos estaban muy guapos y muy nerviosos. Me hacía mucha gracia verles antes de la mística así, atacados. Pero todo salió bien, hubo discursos, familiares emocionados, entrega de diplomas, lanzamiento de los sombreros de los recién licenciados al aire, churrasco, cervezas… lo de siempre.

Cuando acabó el acto político y los alumnos tenían ya rienda suelta para desmadrarse, se formó un tumulto alrededor de ellos, en el cual los padres, las parejas, los hijos, tíos, tías se acercaban a los alumnos para felicitarles por sus recién acabado curso superior, porque llevaban casi tres años alternando los estudios con sus trabajos en distintas cooperativas de MST, porque se sentían todos muy orgullosos, hasta yo, que sólo pude colaborar en las dos últimas etapas comencé a emocionarme. Me acerqué al grupo de gente que se apiñaban donde hasta hacía unos minutos estaban todos tan formales y comencé a felicitar uno a uno a los alumnos que se quedaban libres por unos segundos de las muestras de cariño, aunque en especial me apetecía felicitar y abrazar a los cinco que me había tocado orientar en su proyecto final. Me sentía orgulloso y satisfecho de ellos, aunque me habían vuelto un poco loco mientras elaboraban el proyecto. Antes de encontrar a ninguno de mis cinco alumnos, vi a Izaias, el mayor de todos los alumnos, pues la mayoría de ellos son muy jóvenes e Izaías supera los 50 años.

Mi primer contacto con Izaias (a la vez que con el TGC) fue en las aulas de recuperación de Analisis de Inversiones, el 6 de Julio (lo recuerdo perfectamente porque soy de Pamplona) en San Miguel D´Oeste; joder, hacía un frío que pelaba. Mendikute, quien había impartido las aulas de esa materia (y uno de los impulsores del TGC) había suspendido a 7 de los alumnos, y ya que estaba yo en Brasil y que tengo un perfil digamos que adecuado, me tocó dar la recuperación. No puse un examen muy complicado, y aún así suspendieron 4 de los 7 alumnos, entre ellos Izaías, que en una posterior recuperación bordó el examen. Tampoco aprobó la materia de Analisis de Balances que también impartí a final de Julio, esta vez ya en Vila Velha, y de nuevo fue de los que bordó la recuperación. Supongo que le supuso más esfuerzo que al resto enfrentarse a ese maremagnun económico financiero que trajimos los vascos, pero nunca bajaba los brazos, y siempre, siempre, era respaldado y ayudado por el resto de alumnos, y aunque fuera a trompicones, acababa asimilando y comprendiendo las materias. Cuando presentó el proyecto (en cuya banca estuve, y cuya exposición y trabajo me sorprendió porque quizá fue una de los mejores, o así me lo pareció a mí) fue muy emocionante ver como después de su exposición cada uno de los alumnos se acercaba a felicitarle y a darle la mano, lo que no había ocurrido con ninguno de los demás. Ya en la Formatura, al entregarse los diplomas, la mayor de las ovaciones fue para él, porque ninguno de los alumnos, ni siquiera los que sacaron mejores notas, eran ajenos al enorme merito que suponía que Izaías hubiera acabado el TGC después de tres años.

Bueno, el tema es que cuando vi a Izaías, al que no estaba buscando, pero al que al verlo abracé y felicité, al verme me agarró con las dos manos y, entre el gentío y el resto de felicitaciones y de familiares, me miró a los ojos y comenzó a llorar. Me agradeció repetidamente (no a mí, si no a la Fundación Mundukide, esas fueron sus palabras) el que le hubiéramos dado la oportunidad de estudiar y de conseguir este título de estudio superior. Me dijo (también repetidamente) que estaba triste por no poder abrazar a Mendikute, al que echaba de menos en esos momentos, y al que estaba infinitamente agradecido. Yo, claro, comencé a llorar también, y en cuanto pude me lo quité de encima, porque no me sentía merecedor de aquello. Me vino a la cabeza todo el sufrimiento, nervios, agobios y agonías que me había supuesto en los últimos 5 meses el TGC (de los cuales hablaré otro día) y que en unos pocos segundos fueron sobradamente recompensados gracias a las lágrimas de Izaias

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Reflexión sobre porque no escribo en Brasil


Hace casi dos meses mi compañero Andres empezaba una de las entradas de su blog pidiendo disculpas a sus lectores/as por la demora entre la anterior entrada y esa otra en la que pedía disculpas. Lo cierto es que no la leí, no por falta de interés, y decir que por falta de tiempo no es excusa porque la acabo de leer y no me ha supuesto ni cinco minutos. Ahora, en el tiempo que me ha costado escribir estas líneas, lo acabo de recordar, aunque sería más acertado decir que me acabo de dar cuenta; no la leí porque me dio rabia, porque entre las dos entradas distaban dos semanas largas (¡y aún así pedía disculpas por la demora!), y a mí cada entrada de mi blog me supone por lo menos un mes, eso sin contar la última vez que escribí, que en estos momentos me da vergüenza mirar la fecha.

Hoy mismo estaba hablando por Skype con Ibon acerca del informe financiero que tenemos que presentar en una semana al Gobierno Vasco y antes de despedirme, como un acto reflejo, le he dicho que le diera un abrazo a todo el equipo de Mondragon pero en especial a Urri (la responsable de comunicación de Mundukide). “¿Por qué?” me ha preguntado, “porque tiene que estar contenta conmigo” le he respondido. Y es que antes de volar para Brasil, apasionado (y acojonado) como estaba con mi nuevo trabajo, una de las cosas, aunque fuera secundaria dentro de las mil tareas que tenemos aquí, una de las que más me ilusionaba y motivaba era que iba a escribir un blog. No es una tarea imprescindible, ni siquiera es una tarea, es más un compromiso que yo adquirí con Mundukide, con Urri para más señas. Aunque en cierta manera sí que es una labor de importancia poner al servicio de la página web nuestra voz, la de los cooperantes, para que el que se asome a Internet a ver que es lo que hace Mundukide pueda escuchar de primera mano nuestra aportación, o nuestra pasión, o aunque sea nuestra desesperación. Yo me comprometí con Urri a escribir un blog, porque me apasiona escribir, porque llevo años escribiendo en la oscuridad sin que nadie me lo pida, y el caso que aquí apenas escribo. Y no sé, cuando vi en facebook la nueva entrada en el blog de Andres, cuando yo llevaba en Brasil casi dos meses más que él, y él, sin hacer ningún ruido, ya doblaba en su blog las entradas del mío, supongo que me recordó que no escribía, y me sentí horrible por mi falta de constancia, y por la constancia que él sí tenía (y sigue teniendo). Sentí rabia, mucha; no rabia hacia mí (por no hacer algo que quiero y que me había comprometido a hacer), si no rabia hacia él, que no se había comprometido a ello (o al menos a mí no me consta) y en cambio hacía. En fin, envidia creo que se llama, no de la sana, sino de la chunga, esa que, seamos claros, es la más humana, tal vez la única.

Hay frases hechas que me gusta aplicar, y una de ellas es “menos palabras y más hechos”. Creo que es una frase cojonuda. Aquí me la repito mucho, porque quiero ponerme a muchas tareas, me acerco a Natalino y le digo que de aquí a poco me meteré en Crehnor, y me tropiezo con Claudio y le repito por enésima que voy a ayudarle en la plataforma de compra–venta de leche, y no sé cuantas veces le he dicho a Juliano que voy a acompañarle a en la unión de la contabilidad (que en estos momentos estamos tratando de implantar) de todas las actividades del grupo; pero pasan los días, las semanas, y me doy cuenta que mi aportación es mínima en comparación a todo lo que digo que voy a aportar, que se me va la fuerza por la boca vamos. Pero una frase memorable que tantas veces me repito es aquella del genial Groucho Marx, y que tanto me esfuerzo en ponerla en práctica: “es mejor estar callado y parecer tonto, que hablar y confirmarlo”. Creo que cada uno de los días que llevo sin escribir en el blog, que son un porrón (si es que alguien lee esta entrada no tiene más que cotejar las fechas con la anterior) he pensado en lo bien que me sentiría si retomara el blog y lo mal que me siento por no ponerme a ello, y muchos de los días, supongo que decir todos es exagerar, pero sí muchos me he acordado de Urri, a la que repetí tantas veces que sí, que iba a escribir, que iba a tener un colaborador en mí, bla, bla, bla.

Foto de Xabi Duo

¿Por qué no escribo entonces si tanto me gusta, si tanto quiero? La excusa no es el tiempo. Un rato a la semana siempre puedo sacar, la excusa es la perfección. Toma ya. Porque desde hace ya unos años me creo que escribo bien, y es cierto, lo creo, aunque siempre que escribo algo, que por lo general es ficción, tardo por lo menos un mes en quedar contento con el resultado. Pero aquí no sé que coño me está pasando, llevo desde mediados de Agosto intentado escribir una entrada sobre el TGC, un master en gestión de cooperativas que Mundukide comenzó aquí hace casi tres años, que a mí me ha supuesto muchas más energías de las que debería haberme supuesto, pero del que he aprendido una barbaridad, y ya estamos casi en Diciembre y NO-HAY-MANERA de quedar satisfecho con el resultado. Y es que supongo que esto de escribir un blog es otra cosa, algo más impulsivo, no tan analítico. Tengo que empezar a seguir el consejo que una vez me dio mi amigo Raul de Iruña, “deja de esforzarte en escribir bien”, y comenzar a vomitar las palabras sin ordenar los tropezones, y perdón por la metáfora.

De aquí en adelante gritaré una vez por semana, intentando en la medida de lo que me sea posible exponer alguna de las cosas que hacemos aquí, sin preocuparme tanto por el resultado, por la forma. Para muestra esta entrada, que la verdad, creo que no tiene ningún tipo de valor literario, probablemente ningún tipo de valor, pero por lo menos es algo.

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Cooperativismo y portugues

Vander se acercó a Depes en el Fiat Uno de Terra Viva, sacó el brazo por la ventanilla, abrió la puerta desde fuera, y salió. Ya habían dado las seis y la mayor parte de la gente charlaba en la puerta ajena al frío. Saludó a todo el que salía a su paso, “tudo bem?”, “tudo bem?”, hasta que vio a Marco, uno de los vascos, al que buscaba y con el que cruzó unas palabras. Algo contrariado, pero sin dejar de sonreír, entró en la oficina y caminó por el pasillo hasta llegar a la sala de reuniones, donde me encontraba yo. Me sobresalté al verlo llegar, tiene un andar característico, camina con mucha decisión, abarcando mucho espacio a ambos lados de su cuerpo, no se si me explico, aunque supongo que me extrañó que se dirigiera a mí, porque no llevaba ni un mes en Brasil y hasta entonces yo era un mero espectador. Nuestra conversación duró unos veinte minutos, o más, porque ni yo le entendía a él, ni Vander me entendía a mí, “divagar, divagar” me repetía (despacio en portugués). Entendí lo básico; le había mandado Marco, quería que hablara en la facultad de Laranjeiras sobre la experiencia cooperativista de Mondragon. Yo le dije que claro, que podía contar conmigo, y le pasó mi dirección electrónica a Sandra, la profesora en cuestión que le había pedido que contactara con uno de los vascos que trabajan en sociedad con el MST.

Yo por mi parte se lo comenté a Ibon por Skype. “¿Una charla? ¿Tan pronto?” reaccionó, y me pasó por e-mail un Power Point que resumía en portugués los principios y la historia del cooperativismo en Mondragon, y con la ayuda de Joserra, también por e-mail, en menos de dos días conseguí preparar la charla. No sé muy bien porqué, quizás porque resultaría mi primera acción, pues hasta el momento me encontraba en proceso de formación, me sentí ansioso porque llegara el día.

Así se lo transmití a Patri, mi profesora de portugués, de la que ya me había hecho muy amigo; día sí día no, después del aula me llevaba de fiesta. Gran tipa esta Patri, un poco fiestera quizás. El caso es que me propuso que en la próxima clase llevara la “fala” preparada para trabajarla entre los dos, y sólo entonces me di cuenta que mi nivel de portugués resultaba insuficiente, por no decir nulo, como para aguantar hora y media delante de un grupo de personas.

Y es que por más que me esforzara, mi portugués no iba a mejorar en cuatro días que quedaban hasta el martes, el día que estaba fijada la charla. Marco y algún otro compañero de Depes descafeinaban mi preocupación, tú habla despacio y te entenderán, “fica trancuilo”, me decían. No obstante desconfiaba y comencé a sospechar que iba a hacer el ridículo. Ese fin de semana preparé la “fala”, y el lunes llevé el Power Point y unas cuantas notas a casa de Patri. Los diez primeros minutos me corrigió varias frases y alguna que otra entonación, pero a partir de ahí se le empezaron a cerrar los ojos, a quedarse dormida vamos. Había salido viernes y sábado, y el domingo creo que también, y a los treinta minutos tuvimos que suspender la clase y mi ensayo. Se disculpó e insistió en que “ficara trancuilo”, que lo que había escuchado se me entendía perfectamente. En fin.

Llegó la noche del martes y Vander se encontró conmigo en los pasillos de la facultad. Fuimos juntos hasta el aula. De camino intercambiamos algunas palabras; yo no le entendía casi nada, bueno nada, y él a mí tampoco, cuando yo hablaba él me repetía “divagar, divagar”, eso sí, sin dejar de sonreír y de mirarme con mucha atención.

Sandra, la profesora, nos saludó sonriente, contenta de tenerme en su clase. Vander parecía orgulloso por haberme llevado. En lo que introducía el pendrive y preparaba el proyector, varios alumnos se acercaron y se me presentaron; parecía un ser exótico al que necesitaban conocer. Vander ocupó una silla cerca de mí y alguien apagó las luces. El aula ya sólo era iluminada por la primera de las imágenes del Power Point en la pantalla, Sandra y los alumnos en silencio, y yo de pie delante de todos dispuesto a empezar. Vander me presentó a la clase, y lo poco que le entendí no acertó en nada, ni de donde venía, ni para quien trabajaba, ni siquiera dijo bien mi nombre, aunque preferí no corregirle nada. Por fin me dio la palabra y comencé a hablar.

No “fiqué nervoso” ni un minuto de los casi noventa en los que estuve hablando. Me dio igual tener treinta caras delante, no me importó el idioma, el contenido (la experiencia cooperativista de Mondragon) lo tenía claro, y expuse con entusiasmo todas y cada una de las imágenes proyectadas en la pantalla. Cuando acabé quedaban seis personas en la clase, Sandra y Vander incluidos. Los que allí seguían me dieron las gracias por ir, “obrigado, obrigado”, y me repetían una y otra vez que la fala había sido “muito interesante”. La profesora se disculpó repetidamente por la marcha de la mayoría de los alumnos antes de acabar mi exposición, es final de semestre y están cansados, me dijo varias veces, aunque supongo que en parte hablaba por ella, pues le cacé cerrando los ojos durante mi charla. Salimos del aula y de camino a la salida Vander me agradeció el haber ido, y yo a él el darme la oportunidad de ir. Nos separamos en la calle. Yo fui acera abajo, Vander acera arriba, hacia la plaza, donde había aparcado el Fiat Uno de Terra Viva. Se metió en él y se marchó.

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